
Cuando suena el despertador que funciona en su teléfono todavía actua en un sueño que no entiende y que antes de entrar a la ducha ya tendrá olvidado. Cuando se incorpora nota que aún no hay luz natural que le ayude a salir de las frazadas y decide saltar de la cama para no alargar la agonía. Una vez vestido, mal peinado y con pasta de dientes en el cuello de la camisa, avanza por la calle que parece no haber despertado tampoco y siente el frio como ayer sintió la soledad y la pena o como ayer, antes de acostarse, sintió la libertad de leer y escuchar música mientras los vecinos se obligaban al ritual de la telenovela.
Se acomoda en un colectivo con olor a encierro y con una radio demasiado fuerte que lo distrae de su silencio. Distingue a personas que felices no saben que en realidad no lo son y que, desgraciados no tienen idea de su felicidad y llega a la oficina donde una carta escondida en una dirección le dice buenos días y eso lo alegra... comienza a escribir de si mismo escribiendo; y de si mismo despertando con el sonido del despertador, que funciona en su teléfono.