
No sé cuántas invitaciones te he hecho. Quizás demasiadas para tan poco tiempo y para tanta incredulidad. De todas formas me alegra haberte ofrecido la mano que anoche trataste de abrigar.
"Lope de Vega dice que el amor tiene fácil la entrada y difícil la salida". Y en este caso todo parece indicar que el socio Vega se anotó un poroto y describió perfectamente lo que empezó con un beso borracho y amanecido, y que ahora se convierte en una difícil manera de decir, "este es el último". Han habido varios últimos y en cada uno de ellos he sentido el deseo de tener la fuerza para que sea el último. Por ultimo, el último sin incendios en la guata.
Una invitación siempre es una pregunta, una casa limpia, una puerta abierta. Un camino que empieza y que promete. Una invitación es una pregunta que quiere ser abrazada.
Eso es lo que te di, querida amiga, ese domingo en el asiento trasero de un colectivo dormido. Un beso, claro, cómo no, pero también fue una pregunta, una invitación descarada a otras preguntas más ilusas como el ¿de dónde sacaste esa mirada? o ¿cuándo te dije yo eso? o ¿me prometes que volverás luego?.
Una invitación nunca se queda sin respuestas, ahi está la trampa, y la invitación que te hice tuvo la suya. Dormilona, vergonzosa, con cara de niña de jardín infantil, pero respuesta al fin.
Ahora vienen otras invitaciones... y otras respuestas